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LA CURVA DE LA
INFELICIDAD |
Un nuevo estudio
establece hasta qué
punto tiene riesgo
cardiovascular la
acumulación de grasa en
el abdomen
'MARICEL
CHAVARRÍA - Barcelona
Ni arrugas de expresión
ni calvicie. Lo que
debería preocupar a
quienes van cumpliendo
los 50 años es la
dimensión de su barriga.
Y no precisamente porque
la mal llamada curva
de la felicidad sea
un problema estético: en
realidad, es un
indicativo de salud
cardiovascular. Las
personas que acumulan
grasa - aunque sea poca-
alrededor de su cintura
son más vulnerables a
las dolencias de
corazón, no importa que
su peso sea normal. En
otras palabras, es tan
importante la curva
abdominal como que
nuestra báscula hable
bien de nosotros, pues
el riesgo cardiovascular
de los obsesos es aún
mayor si concentran su
grasa en la barriga.
Son las conclusiones a
las que llega un estudio
reciente de la
Universidad de Texas,
publicado por el
Journal of the American
College of Cardiology.
Según este análisis, el
riesgo de fabricar
depósitos de calcio en
las arterias del corazón
es proporcional al
ensanchamiento de la
cintura. Pero, ¿quién no
dibuja a los 45 años
algún que otro michelín?
Lejos de aplicar
estándares o hacer una
absurda apología del
vientre plano, ese
estudio quiere dar a
conocer los avances
clínicos que supone esta
medición para el control
del riesgo
cardiovascular.
¿Sabremos devolver a
nuestro abdomen la
cantidad de grasa
adecuada sin caer en la
obsesión, desnutrirnos,
maltratarnos en el
gimnasio o arruinarnos
inútilmente en la
teletienda de artilugios
fitness?
"Al cumplir los 30 y los
40, ganamos fácilmente
ocho o diez centímetros
de cintura. Impedirlo es
una batalla del día a
día, comida a comida,
pero merece la pena
librarla", sostiene el
doctor James de Lemos,
profesor de
Medicina
y director de la
Unidad
Coronaria
de la Universidad de
Texas, en Dallas. "No es
necesario dejar el plato
limpio. Es preferible
tirar comida que
añadirla a la barriga.
Aunque se trate de una
pequeña barriga,
representa un riesgo
mayor que un estómago
plano", advierte el
autor del estudio.
De Lemos y sus colegas
examinaron a más de
2.700 hombres y mujeres
de una media de 45 años
y vieron que se podía
establecer una relación
entre sus depósitos de
calcio en las arterias
del corazón -que pueden
ser detectados antes de
manifestarse dolores o
ataques cardiacos- y la
ratio cintura/ cadera,
es decir, lo que resulta
de dividir el perímetro
de la cintura por el de
la cadera. La relación
se mantiene incluso
después de haber tenido
en cuenta factores de
riesgo cardiovascular
como presión sanguínea,
diabetes, edad,
tabaco
o el nivel de
colesterol.
En todo caso, como no
existe una ratio
cintura/ cadera ideal y
universal, el profesor
De Lemos sugiere
recordar qué aspecto
teníamos siendo
universitarios. "Hay que
prestar atención al
aspecto, no sólo a lo
que
se pesa", advirtió De
Lemos, según la agencia
Bloomberg. "No te mires
diciendo...
´me hago mayor como
cualquiera´,
para
luego añadir un ojal en
tu cinturón". Al dividir
los participantes en
cinco grupos según el
tamaño de la cintura,
los científicos
descubrieron que los de
mayor diámetro
duplicaban el riesgo de
tener depósitos de
calcio en las arterias.
El estudio demuestra que
es más fidedigna la
ratio cintura/ cadera
que el índice de masa
corporal, pues
identifica potenciales
obesidades centrales y
alerta a personas que no
presentan sobrepeso. Los
resultados son
chocantes, pero pueden
estar condicionados por
la edad de la gente
estudiada: la relación
entre signos de
arterioesclerosis y
obesidad es más evidente
en poblaciones más
maduras, y las
probabilidades de
acumular calcio son
mayores en hombres que
en mujeres.
[19 agosto 2007]
La Vanguardia - Sociedad
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