DETECTAR LESIONES PRESINTOMÁTICAS, RETO EN EL CÁNCER GINECOLÓGICO.

Las revisiones ginecológicas completas que detecten las lesiones presintomáticas o iniciales del cáncer ginecológico son el principal arma para prevenirlo o interrumpir la historia natural de la enfermedad y así reducir su prevalencia (proporción de individuos de una población que padecen una enfermedad en un momento o periodo de tiempo determinado), que ya supone el 45 por ciento de todos los nuevos cánceres, correspondiendo el 32 por ciento al cáncer de mama y el 13 por ciento al resto de tumores malignos: cáncer de cuello uterino, de vulva, de endometrio y de ovario.

La etapa más crítica en la que se deben realizar estas revisiones ginecológicas completas con mayor énfasis es la postmenopáusica, según explicaron varios expertos reunidos la semana pasada en San Lorenzo de El Escorial, en Madrid, en el curso “Situación actual y prevención del cáncer ginecológico”, ya que si la probabilidad de que una mujer tenga un cáncer a los 39 años es del 2 por ciento, ésta se eleva al 9 por ciento a los 59 años, al 23 por ciento a los 79 y al 39 por ciento al morir.

En general, la citología es la prueba de cribado más útil en la etapa reproductiva -sobre todo en los tres primeros años posteriores al comienzo de las relaciones sexuales y hasta la treintena- para vulva y cuello uterino, y la mamografía se empieza a recomendar ya a partir de los 40 años para cáncer de mama. En la menopausia la exploración va más allá de estas pruebas; la ecografía vaginal facilita el diagnóstico de cánceres de ovario -el 70 por ciento se localiza en estados avanzados- y de cáncer uterino (endometrial) -casi siempre se detecta en fases iniciales-.

La detección precoz mediante programas de cribado para todos los cánceres ginecológicos no será realidad hasta dentro de algunos años. Los marcadores tumorales aún tienen escasa sensibilidad y especificidad y hay muchos falsos positivos.

Los expertos en cáncer ginecológico coinciden en que los factores ambientales, como la alimentación, la toxicidad de ciertos compuestos, el alcohol, el tabaco, el retraso de la maternidad, o padecer infecciones virales, pueden estar relacionados con el aumento del riesgo de cáncer de mama, cuello uterino, endometrio u ovario. Hasta ahora sólo se ha podido demostrar que la incidencia aumenta conforme lo hace el grado de industrialización y se cree que ciertos estilos de vida podrían prevenir el desarrollo de ciertas neoplasias, pero los resultados de los estudios son contradictorios y los posibles desencadenantes apenas están definidos. Ejemplos de factores exógenos influyentes en el cáncer son la presencia de infecciones de ciertas cepas del virus del papiloma humano (HPV) en el cáncer de cuello uterino, la obesidad y el hábito tabáquico en el cáncer de mama o los derivados de la soja para prevenir este último. Un estudio realizado en animales y publicado en el último número de Menopause apunta que los niveles elevados de estrés podrían elevar la posibilidad de padecer cáncer de cuello uterino.

[19 julio 2004]
Correo Farmacéutico/Medicina


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